La vida cotidiana es una de las cuestiones que más preocupan a las familias que tienen uno de sus miembros internado en una residencia de mayores. El aseo personal, el descanso en la habitación, la ropa que les ponen y por supuesto la alimentación. Un asunto este, en el que a veces los familiares no están conformes.
En el programa sobre nutrición “¿Te lo vas a comer?”, que presentaba el cocinero Alberto Chicote en La Sexta y donde a través de reportajes inspeccionaba la alimentación en diferentes ámbitos de la sociedad, un grupo de tres mujeres pusieron la voz de alerta sobre la alimentación que se proporcionaba en las residencias de mayores. Más en concreto, en la residencia pública, dependiente de la Comunidad de Madrid, donde tenían internados a sus padres.
Una de ellas indicaba que su madre había adelgazado 10 kilos en los 8 meses que estaba en la residencia. Cuando la llevó al médico, el propio doctor le propuso que llevaran la comida de casa.
Otra de las mujeres, que participó en el programa, señalaba que su madre murió en la residencia con solo 25 kg de peso. Nuca había estado tan delgada. Sufría deshidratación y desnutrición severa.
Como sucede con cualquier tema que tratemos, no conviene generalizar. No todas las residencias de mayores se comportan igual, ni todos los familiares tienen la misma opinión sobre la comida que se proporciona en estos centros. José María Martínez, de Córdoba, que tiene a su madre ingresada en La Residencia Castilla, de la capital andaluza, dice que la alimentación es exquisita. María José Rodríguez, la cocinera de la residencia, remarca que la comida que se sirve es casera, que los menús cambian todos los días y que se elaboran con ingredientes frescos. Algo que no sucede en todas las residencias. Me refiero a que tengan cocina propia.
Nos sumergimos un poco más en las cocinas de las residencias de mayores.
Cómo se debe alimentar una persona mayor.
Antes de entrar a ver la alimentación en la residencia, conviene detenerse un momento en entender cómo debe ser la alimentación de una persona mayor. A medida que vamos creciendo, nuestras necesidades nutricionales varían. No se puede alimentar igual una persona de 70 años que un niño de 5.
Con el paso de los años, no solo cambia nuestro aspecto exterior, también lo hace el funcionamiento interno del organismo. Mantener una dieta equilibrada en la tercera edad es esencial para conservar la salud, prevenir enfermedades y disfrutar de una buena calidad de vida. A partir de los 60 años, el cuerpo experimenta transformaciones que afectan a la nutrición: disminuye la capacidad de absorción intestinal, se reduce la actividad física, se alteran el gusto y el olfato, y la masticación puede volverse más difícil. Aunque las personas mayores gastan menos energía, siguen necesitando la misma cantidad de nutrientes para mantener sus funciones vitales.
Una alimentación adecuada debe ser variada, ligera y rica en vitaminas y minerales. Es fundamental priorizar frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, que aportan fibra y minerales, que además de favorecer una buena digestión y prevenir el estreñimiento, fortalecen el sistema inmunológico. También se recomienda incluir alimentos ricos en selenio, como el arroz o la avena, que protegen el corazón. Los lácteos, preferiblemente desnatados o semidesnatados, son esenciales por su aporte de calcio, al igual que el pescado, las carnes magras, los huevos y las legumbres, que contribuyen a mantener la masa muscular y los niveles de proteínas adecuados.
Entre los nutrientes clave, a estas edades, destacan la vitamina D, el calcio, el zinc y la vitamina B12, indispensables para los huesos, el sistema inmunitario y el rendimiento mental. Además, una buena hidratación es vital: se deben beber dos litros de líquido al día, preferiblemente agua, aunque también son válidas sopas, infusiones o zumos naturales.
Conviene evitar los alimentos ultraprocesados, las grasas saturadas, los dulces y las bebidas alcohólicas. Comer en pequeñas cantidades y con frecuencia, priorizando alimentos naturales, ayuda a mantener la vitalidad y el bienestar en esta etapa de la vida.
La alimentación en las residencias de mayores.
He hablado con personas que trabajan en residencias de mayores y esto es lo que me han contado sobre lo que se da de comer a los residentes en los centros donde ellos trabajan.
Varios trabajadores de distintas residencias coinciden en que la alimentación que se ofrece a los mayores está pensada para ser completa, equilibrada y adaptada a sus necesidades físicas y de salud. Explican que los menús incluyen todos los grupos de alimentos: frutas, verduras, legumbres, cereales y proteínas. Y que la preparación se adapta a la capacidad de masticación y digestión de cada residente. En general, los desayunos son sencillos pero nutritivos, con lácteos, cereales y fruta. La comida principal suele tener un primer plato ligero, como sopas o cremas, seguido de una fuente de proteína acompañada de verduras. Las meriendas y cenas se mantienen suaves y fáciles de digerir, priorizando alimentos naturales y porciones moderadas.
Los trabajadores destacan que las dietas terapéuticas son habituales, especialmente en personas con diabetes, problemas digestivos o dificultades para tragar. En estos casos, los alimentos se preparan con texturas suaves como triturados o purés, para facilitar su consumo sin perder valor nutricional. También se controla cuidadosamente el uso de grasas y sal, sustituyéndolas por aceite de oliva y hierbas aromáticas para dar sabor sin perjudicar la salud. Además, los equipos de cocina y enfermería vigilan la correcta hidratación de los residentes, fomentando que beban agua, infusiones o zumos a lo largo del día.
Una trabajadora de una residencia de Sabadell comenta que allí los menús son elaborados por nutricionistas especializados en geriatría, que buscan no solo cumplir con los requerimientos nutricionales, sino también ofrecer variedad y sabor. El menú cambia cada semana e incluye opciones para que los residentes puedan elegir, haciendo de cada comida un momento agradable. “Alimentar bien es una forma de cuidar”, explica, subrayando, que en su centro se presta atención tanto a la calidad de los ingredientes como a la presentación de los platos, porque la comida también es una fuente de bienestar.
La opinión de una nutricionista.
Cómo nos recuerda el portal de noticias Infobae, la dietista Francisca Martínez analizó en el programa de televisión “Equipo de Investigación”, presentado por la periodista Gloria Serra, los menús que se servían en una residencia de mayores de Origueira, La Coruña, y no se mostró precisamente complaciente.
En su consultorio, la nutricionista recibía videos de las comidas que se servían en la residencia. “Este puré de patata es goma, es como si fuera chicle. Este plato tiene de todo menos unas propiedades organolépticas adecuadas; es indefinible” – opinaba Francisca Martínez. – “Yo, personalmente, no dejaría que se lo dieran a mi madre.”
La nutricionista advierte que la alimentación en las residencias de mayores es un aspecto clave para la salud y el bienestar de los residentes. Según explica, una comida poco apetecible o de baja calidad puede tener graves consecuencias: “Si no te gusta una comida, la cantidad que vas a ingerir será mucho menor, y esto puede provocar pérdida de masa muscular o incluso anemia por falta de nutrientes”.
Martínez subraya que los riesgos aumentan cuando existen patologías previas como la diabetes o la hipertensión, ya que “estas enfermedades se van a agravar y pueden aparecer otras asociadas”. Para ella, una de las claves está en ofrecer comidas más frecuentes y adaptadas, pues con la edad el cuerpo pierde la capacidad de absorber correctamente los nutrientes. “Esto acaba generando que la persona tenga menos fuerza para comer o caminar y, en muchos casos, puede llevarla a quedar postrada en una cama”.
También destaca la importancia de personalizar los menús según las necesidades de cada residente y de ofrecer entornos tranquilos y agradables para las comidas. Francisca Martínez insiste en “evitar restricciones dietéticas innecesarias y vigilar la interacción entre medicamentos y alimentos”, ya que la poli-medicación es habitual en esta etapa de la vida.
Cocina propia o cáterin externo.
Otro de los escenarios que nos podemos encontrar en una residencia de mayores es que la comida la proporcione una empresa de catering. Es decir, que sea elaborada en cocinas industriales y después se lleve a la residencia para dar de comer a los mayores.
Siempre es preferible una residencia con cocina propia que otra que tiene contratado un servicio de catering. La cocina en las instalaciones del centro nos da una mayor confianza en cuanto a que la comida que se sirva allí sea casera y mejor adaptada a las particularidades de cada residente.
Los caterings, aunque pueden trabajar con ingredientes frescos, ofrecen platos más estandarizados, menos personales, ya que suelen atender a varios centros al mismo tiempo.
Por otro lado, por el transporte de la comida, se efectúan procesos de recalentado o de cambio de temperatura, que no son buenos para la nutrición de los residentes.
La alimentación es un tema que no debemos pasar por alto las familias que ingresamos a uno de nuestros mayores en una residencia. Sobre este asunto, debemos informarnos en el centro convenientemente.