El acoso sexual en el trabajo se previene con formación.

Stop acoso laboral

Las charlas y cursillos, que se imparten sobre acoso sexual en algunas empresas, informan a las mujeres y colectivos vulnerables sobre sus derechos, sobre cómo actuar ante una situación de este tipo y educan al conjunto de la plantilla a adoptar conductas que prevengan el problema.

El acoso sexual es una manifestación del machismo (dominio del hombre sobre la mujer) que subyace en la sociedad y una expresión de abuso de poder y dominación.

Como bien relata la web Minnesota Historical Society, la primera demanda colectiva por abuso sexual en el trabajo se tramitó en Minnesota (Estados Unidos) en 1988. Impulsada por 3 mujeres que trabajaban en las minas de hierro de Oglebay Norton Company. Mujeres que eran objeto de burlas, humillaciones y declaraciones deshonestas por parte de compañeros y superiores, con la complicidad de la empresa. Estas prácticas eran habituales en la compañía desde la incorporación de las mujeres a finales de los años 70.

Lois Jenson, una joven madre soltera de la comarca, hija de un minero, fue una de las primeras mujeres en integrarse a la mina en 1975. Solicitó el puesto de trabajo porque el sueldo era bastante superior al que podía recibir trabajando de camarera o como limpiadora, que eran los trabajos más frecuentes, en aquella época, entre las mujeres que no habían terminado la enseñanza secundaria.

A partir de 1983 empieza a recibir una serie de cartas incesantes de contenido sexual explícito por parte de un ingeniero de la empresa, que era superior suyo. Lo que empezó siendo una broma de mal gusto, fue adquiriendo proporciones humillantes.

Lois, que llega un momento que no aguanta más, interpone una queja ante el sindicato y el Departamento de Derechos Humanos del Estado. La administración obliga a la empresa a que desarrolle un protocolo contra el abuso sexual e impone una multa al acosador. La empresa redacta el documento, pero tanto el acusado, como la empresa, como responsable subsidiaria, se niegan a pagar la multa.

Ante la negativa de la empresa, el caso pasa a la justicia. La fiscalía asigna el pleito a una joven fiscal, Helen Rubinstein, quien investigando los hechos descubre que el acoso sexual está extendido en la empresa y que afecta a varias mujeres. Se plantea, entonces, interponer una demanda colectiva. En un primer momento, se topa con la falta de colaboración por parte de la mayoría de las víctimas, las cuales temen por sus puestos de trabajo. Pero logra que se sumen a la demanda una delegada sindical y otra compañera de Lois.

El juicio no fue un camino de rosas. Los abogados de la empresa recurren a malas artes en su estrategia de defensa, llegando a sacar a la luz y tergiversar determinados episodios de la vida personal de las demandantes con la intención de desacreditarlas. El juicio se vuelve mediático, e incluso algunos compañeros y vecinos de Lois, que en un principio le dieron la espalda, se posicionan de su lado.

Las mujeres de la compañía minera ganan el juicio. Los acosadores son despedidos y la empresa es obligada a pagar indemnizaciones de entre 25.000 y 5.000 dólares a las víctimas. Pero lo más importante, crea un precedente a nivel internacional.

Por desgracia, el acoso sexual en el trabajo está extendido por todo el mundo y en muchos ambientes laborales y profesionales. Por las noticias que se publican en la prensa hemos podido ver como este problema se da, incluso, en el seno de la política, en las instituciones y en las fuerzas de seguridad.

Por suerte, para combatirlo, muchas empresas desarrollan políticas de igualdad, como la ONG Humana, que se apoyó en Talention, una consultoría experta en igualdad de género y protocolos contra el acoso, para desarrollar su plan de igualdad.

Entre las acciones que se suelen realizar, se encuentran las charlas y los cursillos de formación dirigidos al conjunto de la plantilla.

Un 28% de las trabajadoras españolas han sido objeto de acoso sexual.

Un dato que resulta escalofriante es como una de cada cuatro trabajadoras en nuestro país ha sufrido acoso sexual alguna vez en su vida. Esta información la difundió en su página web la asociación de mujeres FEDEPE (Federación Española de Directivas, Empresarias y Profesionales) con motivo del Día Internacional contra la Violencia Machista, el 25-N.

La proporción aumenta entre las trabajadoras de entre 18 y 29 años. Donde el acoso sexual alcanza el 43%. Según los sindicatos y las asociaciones de mujeres, este es un problema del que solo conocemos la punta del iceberg.

Con frecuencia, el acoso sexual aparece disfrazado bajo expresiones de micromachismo socialmente admitidas, a las que se suele restar importancia, presentándolas como una broma o como pequeños roces de la convivencia.

Este acoso, que no siempre se traduce en agresiones sexuales explícitas, busca denigrar a la mujer, y desvía la atención, que debería situarse en sus logros laborales y en sus capacidades profesionales, para centrarla en su sexualidad.

Muchas trabajadoras ni tan siquiera lo denuncian, por miedo a recibir represalias en el trabajo o ser objeto de marginación por parte de sus compañeros. Pero lo cierto es que estas actitudes enturbian el ambiente de trabajo, llegándolo a transformar en un espacio hostil para la trabajadora.

Existe también la tendencia a tratar este asunto como un problema individual, cuando no lo es. No es que una trabajadora ha tenido la mala suerte de toparse con un compañero “estúpido”, que lo ha hecho. Si no que si ese jefe o compañero, o grupo de compañeros, actúan así, es porque tiene un entrono que les dota de impunidad.

Está comprobado que en los centros de trabajo en los que se han dado casos de acoso sexual, estos no se centran en una mujer en concreto, sino que aparecen manifestaciones que salpican a otras trabajadoras, de una manera o de otra. Al mismo tiempo o en periodos diferentes. Digamos que son comportamientos admitidos.

Por esta razón, igual que nos estamos sensibilizando en no tolerar la violencia machista en el ámbito civil y doméstico, debemos adoptar una posición de acoso sexual cero en el trabajo.

Manifestaciones del acoso sexual.    

Podemos llegar a pensar que hay acoso sexual en el trabajo si hay un intento o una propuesta de practicar sexo no consentimiento, pero esto no es así. Estas son algunas manifestaciones de acoso sexual en el entorno laboral:

  • Comentarios o bromas de contenido sexual. Chistes, insinuaciones o comentarios sobre el cuerpo, la apariencia física o la vida íntima de una compañera que resultan inapropiados o incómodos.
  • Miradas insistentes o gestos obscenos. Observaciones prolongadas, guiños o movimientos corporales con connotación sexual que buscan incomodar o intimidar a la compañera o subalterna.
  • Preguntas sobre la vida íntima. Interrogar de forma reiterada sobre relaciones sentimentales, preferencias sexuales o aspectos personales que no tienen relación con el trabajo.
  • Invitaciones persistentes a salir. Proponer encuentros personales, citas o salidas fuera del trabajo de manera repetida después de que la otra persona haya mostrado desinterés.
  • Contacto físico no deseado. Muchas mujeres se quejan de haber recibido roces en el trasero o en el pecho de manera disimulada.
  • Mensajes o comunicaciones inapropiadas. Envío de correos electrónicos, mensajes de WhatsApp o comentarios en redes sociales con contenido insinuante o sexual.
  • Mostrar material de contenido sexual. Compartir imágenes, vídeos, memes o cualquier otro material de carácter sexual dentro del entorno laboral.
  • Comentarios que vinculan favores personales con beneficios laborales. Insinuar que una promoción, una mejora de condiciones de trabajo o un trato favorable podrían depender de aceptar determinadas insinuaciones sexuales.
  • Rumores degradantes. Difundir comentarios sobre la supuesta vida sexual de una persona con el objetivo de ridiculizarla o desacreditarla.

La formación en la empresa.

Hemos empezado diciendo que el acoso sexual en el trabajo se previene con formación. ¿En qué consiste?

De entrada el Ministerio de Igualdad señala que todas las empresas, con independencia del tamaño que tengan, tienen la obligación de promover condiciones de trabajo que eviten delitos y conductas contra la libertad sexual y la integridad moral en el trabajo, incidiendo, en especial, en el acoso sexual. Esto se traduce en que todas las empresas deberían tener un protocolo contra el acoso sexual y, por tanto, organizar charlas entre la plantilla para darlo a conocer.

Esta podría ser una acción que deberían exigir o promover los comités de empresa y los delegados sindicales. En especial en aquellas empresas donde hay trabajadores con distinto género o condición sexual. El paso cero es que los trabajadores conozcan sus derechos y sepan cómo actuar si son objeto de un acoso de este tipo.

Sin embargo, las empresas deberían dar un paso más allá del compromiso básico que les propone el gobierno y, que por cierto, no se aplica en la mayoría de los centros de trabajo. Los cursos y charlas deberían servir para sensibilizar al conjunto de la organización. Enseñarles a diferenciar entre acoso sexual y discriminación por razón de sexo. A tipificar los hechos y actitudes que son considerados acoso sexual, puesto que muchas veces los que lo practican no son conscientes de su gravedad. Y a evidenciar sus consecuencias. Varios estudios colocan el acoso sexual como una causa de absentismo laboral, de falta de rendimiento en la empresa y de aparición de enfermedades mentales que dan lugar a bajas prolongadas como la depresión y el estrés postraumático. Todo ello, sin olvidar las responsabilidades penales.

Es bueno abrir un debate en el seno de la empresa sobre el tema. Ya que con ello se contribuye a prevenir el problema y a crear un ambiente de trabajo más agradable y productivo.

Las charlas y cursillos, que deberían ser impartidos por profesionales competentes en la materia, pueden organizarse de manera presencial o telemática y deben ir dirigidos al conjunto de la organización. No solo a los trabajadores, también a directivos, jefes de área, encargados y supervisores.

La formación en las escuelas.

El acoso sexual se debería prevenir en la educación primaria y, sobre todo en la secundaria. Todos los trabajadores, antes de integrarse al mercado laboral, han pasado por la escuela.

Si se pueden dar comportamientos jocosos o abusivos con respecto a las mujeres u otros colectivos como la comunidad LGTBI es porque esa supremacía ya viene asentada. El joven ha presenciado actos de este tipo o ha escuchado opiniones o comentarios denigrantes en el aspecto sexual dirigidos a estas personas y no ha pasado nada

Se dice que la calle es la escuela de la vida y es cierto. Parte de nuestras concepciones ideológicas personales vienen de lo que hemos vivido o lo que hemos presenciado. Cuando hablamos de la calle debemos entenderlo en sentido amplio. Lo que algunos llaman la universidad de la vida. Esto incluye las relaciones personales que se dan en el entorno más cercano (la familia, los amigos), la cultura que consumimos (películas, libros, música, videojuegos) y la interacción en Redes Sociales, tan en boga en la actualidad.

Es importante cambiar el paradigma respecto al papel que cumple la educación en la sociedad. La escuela y el instituto no pueden limitarse a impartir conocimientos. Tienen una responsabilidad en cuanto al tipo de ciudadanos que se están formando para el futuro. Personas que deben formarse con un pensamiento crítico y que deben adoptar una posición activa contra el abuso y la injusticia.

Este es un tema delicado. Una asignatura pendiente. El 50% de los adolescentes opinan que han recibido poca o nula educación sexual por parte de sus familias, maestros y profesores. Si el sexo sigue siendo un tabú en las escuelas, qué decir del acoso sexual. Que a penas ni se toca.

Como consecuencia de ello, algunos estudios señalan que 7 de cada 10 adolescentes han sido objeto de comentarios o insultos relacionados con su sexualidad y que 3 de cada 10 han vivido algún episodio de abuso sexual.

Este es un problema social de calado, como lo son otras expresiones de violencia que se dan en la sociedad, como el maltrato a las mujeres o el bullying. Un tema en el que las empresas deberían tomar cartas en el asunto. Ya que es el ámbito en el que se produce este acoso.

 

 

 

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