Cuándo debo llevar a mi hijo al psicólogo

Cuándo debo llevar a mi hijo al psicólogo

Dicen que no hablamos el mismo idioma. Que si ellos dicen negro, nosotros blanco. Que prohibir una cosa supone que ellos lo hagan más. A veces no sabemos qué les pasa a nuestros hijos, pero los conocemos y vemos que algo no va bien. Es muy complicado sacarles las palabras,  que te digan que está pasando en su cabeza. Posteriormente puede ser que su comportamiento haya cambiado, que se muestren más retraídos, menos felices. A nivel psicológico pueden expresarse de diferentes formas y conllevan malestar o interfieren su actividad cotidiana. Por eso, ¿cuándo debemos llevar a nuestro hijo al psicólogo?

Con los niños y adolescentes hay que actuar sin dilación y con seguridad. Maribel Paz, psicóloga infantil en el centro de Madrid, afirma que las conductas y trastornos adquiridos durante la infancia o la adolescencia son difíciles de abordar por los padres, por eso es de vital importancia identificar el problema lo antes posible e iniciar un tratamiento adecuado e individualizado con terapia infantil o terapia para adolescentes y técnicas psicológicas que nos ayuden a eliminar el problema lo antes posible.

El objetivo es ayudar en terapia para adolescentes y terapia infantil, sea cual sea el problema, por eso pone a tu disposición su terapia especializada para la tartamudez infantil, terapia para niños de padres divorciados, terapia para trastornos de la conducta alimentaria, etc. Y es que hay muchos problemas que pueden estar detrás de una conducta rara.

Acoso escolar

Cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo tanto en el aula, como a través de las redes sociales, ciberacoso.

Trastornos de conducta

Hay que encauzarlos para que su vida no se convierta en un caos irremediable de actos vandálicos y reclusión en instituciones

Hiperactividad

Tu hijo no hace mal las cosas deliberadamente y no es un vago, simplemente funciona en otro nivel que hay que conocer. La hiperactividad es un trastorno que en muchas ocasiones se confunde con otros asuntos.

Hay unos cuantos síntomas internos que también te pueden indicar que tu hijo no está pasando por un buen momento.

Cuando observamos que nuestro hijo restringe sus relaciones alejándose, jugando solo, mostrándose tímido y cohibido, serio y poco comunicativo, apagado o apático, tenemos suficientes indicios para pensar que habría que ir a un psicólogo.

Cuando el niño o joven se queja frecuentemente de dolores gastro-intestinales, náuseas, dolores de cabeza, en el pecho…y éstos no son debidos a una causa orgánica, debemos considerar la posibilidad de acudir al psicólogo.

Puede sufrir ansiedad que se manifiesta a través de agitación, nervios, temores, miedos, preocupaciones excesivas, alteraciones en la ingesta, etc.

Cuando le vemos que está apagado, triste, sin ganas para hacer cosas, alejado del entorno, irritable, con alteraciones del sueño, cansado…debemos pensar en la posibilidad que esté presentando un estado depresivo.

Los síndromes externalizantes

Pero también hay otros aspectos externos que nos pueden servir para identificarlo. Al ser visibles generan mayor perturbación, y respondiendo a un bajo control emocional.

Son habituales las agresiones verbales con disputas, insultos, ironías hirientes, rechazo del otro…) agresiones físicas del tipo arañar, morder, pellizcar, empujar, dar un puntapié, golpear un objeto…), apropiaciones indebidas y por la fuerza de objetos y las que propiamente van dirigidas contra el adulto.

Pueden aparecer en la temprana adolescencia, y consisten en conductas tales como el consumo o la venta de sustancias psicoactivas (los famosos porros), hurtos con o sin violencia, agresiones sexuales… se trata de comportamientos que manifiestan, según su gravedad, inadaptación general y social, relevantes.

Los problemas descritos son signo de que el menor presenta algún problema o dificultad psicológica, por lo que es conveniente que si el mismo niño, los padres o los maestros lo advierten, se acuda al psicólogo. El momento de comunicárselo al hijo no es fácil, tiene que haber confianza y buen rollo, porque puede provocar el efecto contrario. El psicólogo realizará un tratamiento que englobe tanto al menor como a sus padres y maestros, para poder solucionar con éxito el problema que les trae a consulta. No sufras porque el niño o la niña estarán en las mejores manos posibles.

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